Por Eduardo Semtei (*)
La ballena estuvo muy activa en Caracas en esta Semana Santa. Estuvo persiguiendo al alcalde Ledezma por toda la ciudad y el hombre nada que se dejaba mojar. Todo el asunto sucedió en virtud de la insistencia, de la manía de Ledezma de no dejarse. Parece que el Alcalde no se deja. El burgomaestre quiso visitar a la Asamblea Nacional sin permiso del ministro Aissami. Dígame usted, querido lector, cómo se le ocurre al Sr. Antonio atreverse a caminar por la ciudad donde él es Alcalde Mayor sin autorización del Gobierno Central. ¿Es que acaso Ledezma cree que puede hacer lo que le venga en gana: visitar barrios, instalar piscinas portátiles, recoger basura, besar viejitas y cargar muchachos? No señor, esa vaina se acabó, ya el gobierno no es el mismo de antes, lo pendejo lo dejó en el golpe del 2002. En las elecciones donde este fulano Antonio quedó electo, su candidatura obtuvo más de 700.000 votos; por cierto, el negro Aristóbulo quedó subcampeón. La Alcaldía Mayor es de una importancia fundamental en la resolución de los problemas comunes a todos los municipios capitalinos: seguridad, vialidad, alumbrado, semaforización, transporte, limpieza, ornato. Para ello tenía un presupuesto formado por el Situado Constitucional, por el Subsidio a la Capitalidad, por los aportes especiales de FIDES y LAEE y por el 10% de lo recaudado en impuestos por los municipios menores (Libertador, Sucre, Chacao, Baruta y El Hatillo). Los primeros renglones representan el 91% del presupuesto ordinario de la Mayor y el fulano 10% que nunca se ha podido cobrar completamente, representa el resto, es decir el 9%. Como decía, el blanco le ganó al negro las elecciones y éste resultado no le gustó para nada al Cacique de Miraflores. Chávez sintió un dolor punzo penetrante cuando se enteró que la Mayor y el Estado Miranda habían pasado a manos del bando opositor y entonces juró que no daría reposo a su alma ni descanso a su cuerpo hasta arrasar con el dúo Ledezma-Capriles y lo cumplió. El Comandante ordenó la aprobación de una curiosísima ley que crea un tal Distrito Capital que no tiene territorio definido, que no es electo por nadie sino por el dedo “delqueteconté” pero que de ahora en adelante recibirá el presupuesto originalmente asignado a la Mayor. El Situado, el Subsidio a la Capitalidad y las asignaciones especiales son ahora del funcionario de turno que aparezca designado en Gaceta Oficial. Los 700.000 caraqueños que votaron por Ledezma que vayan a lavarse el paltó y si no tienen paltó que se laven otra cosa. ¿Tiene la nueva ley del Distrito Capital propuestas para la salud, la educación, el tránsito, la seguridad, os preguntaréis caraqueñitos? Pues para nada, es simplemente una maniobra vulgar para despojar a los electores de su capacidad de decidir sus autoridades locales. Una simple y vulgar artimaña. Una truhanería. Otra violación a la Constitución y un nuevo paso hacia la asfixia de la democracia. Seguiremos comentando.
(*) Economista, ex rector del Consejo Nacional Electoral
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Quincenario EL ESPACIO
Caracas, mayo 2009